La mirada crítica

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Elisa Andreu, Juan Antonio Mateu

Wagner, además de ser un gran músico y compositor, es escritor cuyas reflexiones se basan en el arte. Desde esta nueva visión, Wagner tiene una influencia clara con la crítica estética del arte y de la época en la que se encontraba. Al mismo tiempo, otros teóricos y escritores opinan sobre su quehacer artístico y de su obre. En el siguiente texto aportamos los testimonios de algunos de estos personajes que nos ofrecerán una visión distinta y novedosa del creador de Los maestros cantores.

Wagner y su concepción sobre La obra de arte del futuro

Empezaremos explicando como ve Wagner el arte a partir de su propia visión reflejada en el libro Norma para la obra de arte del futuro que ha traducido Joan Batiste Llinares.  Reproducimos, a continuación, las ideas más importantes del preámbulo de dicha obra.

“Repensar las relaciones entre música y filosofía es una labor fundamental de la teoría estética, sin embargo y por lo general cuando se aborda la cuestión se tiende meramente a repasar las aportaciones de los grandes pensadores de la historia de la filosofía, entre los que destacan, si nos ceñimos a este problema especifico, las obras de Platón, de Schonpenhauer y de Adorno, por citar solamente solo tres ejemplos de referencia. Ahora bien, llevar a cabo la tarea inversa es también pertinente i necesario: ha habido grandes músicos cuya obra es muy poco comprensible, y sobretodo, fue poco inteligible para sus coetáneos, sino se atiende a sus reflexiones estéticas. En efecto, las más radicales e innovadoras <<revoluciones>> artísticas a menudo han requerido la redacción de manifiestos que proporcionaran una guía explicita sobre aquello que los artistas de hecho hacían en las partituras. Esta es la opción que ahora desearíamos subrayar, en parte porque suele estar mas desentendida por los filósofos, y en parte porque quizá sea hora de destaca también, para los propios músicos y profesores de los conservatorios, la inagotable riqueza teórica que en ocasiones contiene las obras de reflexión de algunos compositores.

Quizá no se sabe todavía suficiente, o se es demasiado reacio a admitir, que ese polémico hombre, llamado Richard Wagner (1813-1883), además de ser un reconocido músico y poeta, e imprescindible autor de los textos de sus impresionante dramas musicales – esos sorprendentes logros de extraordinaria simbiosis entre palabras y música -, fue también  no solo un reiterado y un mental autobiógrafo, sino a sí mismo un notable escritor y pensador, un excéntrico ensayista de abundante producción, por no referirnos a los miles de interesantísimas cartas que componen su epistolario en parte todavía inédito.”

Wagner, Ricardo: La obra de arte del futuro

Wagner concibe un espíritu comunitario en contraposición al individualismo, en el que la naturaleza, en su sentido total y humanitario, puede ser representada por el hombre en su afán creador.

La existencia del arte es originaria del ser humano natural, verdadero y no deformado. Este arte es desarrollado por el pueblo y no individualmente, de aquí que Wagner considerara al pueblo griego y a su arte como modelo inspirador de su propia obra artística. Para el autor de “Parsifal”, la creación artística del pueblo heleno representa el paradigma del arte exento de cualquier influencia anterior. A partir de este razonamiento, Wagner llega a la conclusión de que el arte helénico cuando se sustrae de las característica específicas de su tiempo histórico se convierte en modelo del arte humano universal, o lo que es lo mismo, del arte del futuro.

Opinión de Baudelaire y Nietzsche sobre Wagner

Baudelaire fue un poeta francés del siglo XIX y uno de los principales defensores de Wagner, así lo atestigua Teo Sanz, catedrático de literatura francesa en la universidad de Burgos.

La historia de la relación entre estos dos artistas empieza en 1860, cuando se celebra la primera representación de una ópera de Wagner en París, la cual no fue del agrado en los medios musicales e intelectuales. Este poeta francés mostró públicamente su indignación y vergüenza ante dichas críticas. Con el fin de diferenciarse de sus compatriotas en este aspecto, le escribió una carta donde le mostró su total reconocimiento y adhesión incondicional, el 17 de febrero de 1860. Fue tal su admiración que Baudelaire, un año después de escribirle la carta, publicó un ensayo titulado Richard Wagner y Tannhauser, en la que dejó constancia del respeto y la gran consideración que le merecía su trabajo artístico. La música de Wagner le sorprendía debido a las armonías que para el poeta expresaban lo más profundo del corazón humano. El poeta afirmó en su tiempo que utilizaba la música de Wagner como inspiración para escribir sus obras, además de para reflexionar sobre la relación de todas las artes, núcleo de su teoría poética. Baudelaire afirma que la música auténtica “sugiere ideas análogas en cerebros diferentes”, dando así a entender que el arte wagneriano es universal.

Wagner vs. Nietzsche

Friedrich Wilhelm Nietzsche (1844-1900) fue un filósofo, poeta, músico y filólogo alemán considerado uno de los pensadores modernos más influyentes del siglo XIX.

En 1878, Nietzsche publicó el libro en el que había estado trabajando: Humano, demasiado humano. Se lo envió a Wagner, que, mientras lo leía, iba pasando de la indignación a la más extrema cólera, sobretodo cuando llegó a la cuarta parte “Del alma de los artistas y escritores”. Sin embargo, Wagner no quiso entrar en una confrontación directa con Nietzsche, especialmente porque estimaba que su “traición” se debía a su mal estado psíquico.

Nietzsche condena no a Wagner, sino a su arte, el cual debe ser sometido al tribunal de la razón para desvelar su interés terrenal, su necesidad física y no metafísica; esto es, su valor fisiológico. Es la crítica nietzscheana del genio la que exaspera a Wagner porque la siente como un ataque directo. Pero Nietzsche no se sentía ya parte de ese mundo académico. Por eso dijo: “También he leído la amarga e infeliz invectiva de Wagner contra mí: me dolió, pero no en el sitio donde Wagner pretendía”.

La música es, para Nietzsche, “adversaria de la filosofía y que su pensamiento es tanto más filosófico cuanto menos musical es, porque lo que Nietzsche ha filosofado nació en lucha con lo musical y ha sido conquistado en contra de la música”. Aquí música quiere decir pasión, y precisamente sobre ésta dice Nietzsche: “Nada más barato que la pasión. Se puede prescindir de todas las virtudes del contrapunto, se puede no haberlo aprendido, pero siempre se puede hacer pasión.” Y en ese caso resulta igualmente absurdo censurar la música de Wagner, ya sea por su estúpido antisemitismo o por su afectada dramatización.

Nietzsche, sin embargo, finalizó afirmando: “Richard Wagner ha sido, con mucho, el hombre más afín a mí […]. Lo demás es silencio”.

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