Pierre Boulez: un espíritu musical creativo y transgresor

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Pierre Boulez dirigiendo uno de sus últimos conciertos

 

Alumnos de Periodismo Musical

“Sentía con la cabeza y pensaba con el corazón” (Daniel Barenboim)

Pierre Boulez nació en Montbrison, Francia, el año 1925. Fue uno de los compositores de vanguardia más importantes del siglo XX. Debido fundamentalmente a que su juventud transcurrió durante la II Guerra Mundial, buscaba crear un nuevo universo que describiera el caos, la orfandad de valores, el fracaso de la civilización. Tanta era su obsesión por el progreso y lo novedoso que no le parecían suficientes las rupturas con otros grandes compositores que le precedieron como Stravinski, Messiaen, Schoenberg o su coetáneo John Cage, con los que tuvo varios desencuentros.

En algunas obras suyas, como Intervals, introdujo elementos innovadores, como la sustitución de los instrumentos tradicionales para presentar nuevas sonoridades, además de ser partidario de la música electrónica y la introducción de las nuevas tecnologías para observar lo que estas podían aportarle a la música.

Su música tuvo un arranque fulgurante. Ya a los 20 años, Pierre Boulez lanza al rostro de los acomodaticios una Sonatina para flauta que aún hoy cuesta digerir. Hace pocos años, en el homenaje que le brindó el Círculo de Bellas Artes de Madrid al concederle su Medalla de Oro, se interpretó esta composición y su autor habló del ambiente del Conservatorio de París en aquella ciudad recién liberada de la ocupación nazi: “No se hace usted idea de lo que era aquello”.

Su primer y gran desafío consistió en convertir el procedimiento de la serie dodecafónica “schoenbergiana” en un modelo general. Para ello partió de los análisis rítmicos de Messiaen a partir de La consagración de la primavera de Stravinsky. Luego siguió sus intuiciones y todas ellas le llevaron hacia una síntesis que cuadraba sólidamente con el estructuralismo imperante en el entorno cultural francés. Pero los modelos fríos y esquemáticos le disgustaban hasta que al fin concibió una obra determinante, Le marteau sans maître, a partir de los poemas de René Char y con unas sonoridades que evocaban desde el gamelangindonesio hasta la ductilidad rítmica de los ragas de la India. Los años cincuenta aún no habían llegado a su mitad y la música de vanguardia había encontrado su canon.

También deberíamos resaltar que Boulez fue precursor de la música mixta, de la presencia de la electrónica y la informática, también pensó en lo interactivo y la partitura virtual, lanzando propuestas de creación según las condiciones acústicas del medio, la capacidad de reacción de los intérpretes ante las mismas, el gesto del intérprete, la difusión del sonido, la proliferación tímbrica, la percepción… Lo paradójico es que a ojos de Boulez lo impecable jamás alcanzó lo perfecto por mucho que lo rondase de continuo con la «work in progress».

Con su muerte, Pierre Boulez ha dejado patentes los cuatro pilares fundamentales que sustentaron su vida y su carrera musical. El primero era hacer música, donde fomentó propuestas de creación adaptando sus composiciones a las diferentes condiciones a las que se enfrentó durante momentos de su vida. Otro fue dirigir música, defendió repertorios que interesaban a muy pocos y lo hizo con calidad. Así, dirigió algunas de las mejores orquestas del mundo, desde Viena hasta Chicago y tuvo como último proyecto fue la Academia del Festival de Lucerna. Gestionar la música también estuvo entre sus pilares fundamentales, pues promocionó un nuevo medio de creación de escuelas o centros de investigación musical como el IRCAM o el Ensemble Intercontemporain donde ciencia y música iban juntas. Finalmente, su último pilar le llevo a especular sobre la música. Basándose en esto escribió libros sobre muchos temas musicales donde los principios del autor son inalterables.

Sus composiciones siempre complejas requieren de los espectadores un esfuerzo de atención y predisposición conceptual, pues su música no entra por los sentidos, sino por la inteligencia. Pese a esto,  ha sido admirado tanto por su propia generación como por la actual, siendo considerado uno de los grandes músicos del siglo XX y uno de los padres de la transgresión artística.

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