Kurt Masur, el director que hizo callar al público neoyorquino

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Kurt Masur en uno de sus gestos característicos

Jorge Mora

Kurt Masur fue un director alemán recordado sobre todo por su trascendental labor al frente de la Orquesta Filarmónica de Nueva York, formación a la que consiguió insuflar su personalidad y su particular visión de la música.

Su afición por la música nació cuando empezó a tocar el piano (aunque lo tuvo que abandonar por la fractura en uno de sus dedos) y violonchelo en la escuela de música de Brelau. Era tal su devoción por la música que aunque tuvo que cancelar un concierto con la Orquesta Sinfónica de Boston por padecer la enfermedad de Parkinson dijo que continuaría su labor en el podio. Lo hizo público mediante una carta que mandó a sus amigos más cercanos y a las orquestas que solía dirigir.

Algunas de sus primeras orquestas fueron la Orquesta Filarmónica de Dresde en los años cincuenta, la Kosmiche Oper de Berlín Este y la Orquesta del Teatro de Halle. Además, fue maestro de Capilla del Teatro de la Ópera de Erfurt. Su verdadera carrera como director profesional comenzó en Leipzig. En 1991 es nombrado director titular de la orquesta filarmónica de New York, sucediendo a Zubin Mehta. A partir del año 2000 comenzó a dirigir regularmente la Orquesta Filarmónica de Londres y en 2002 la Orquesta Nacional de Francia.

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Imagen de Kurt Masur

Tras su nombramiento como director principal de la orquesta de Nueva York, se iniciaron emisiones radiofónicas en directo y se creó el sello de grabación New York Philarmonic Special Editions. Su llegada a la orquesta de Nueva York tuvo un desafortunado choque ya que acostumbrado a que en Alemania los dirigentes tenían todo el poder, en Nueva York los músicos eran quienes tenían, no muy forzado, más autoridad y derecho de decisión que el propio director. Esto no fue de mucha importancia para el director alemán, imponiendo así sus propios métodos como contrataciones de músicos, cambiando por completo la forma de trabajo de la orquesta e incluso contratando ingenieros para una mejor acústica de la sala. Además llevo a la orquesta neoyorkina a 17 giras, viajando por 75 ciudades y 30 países del mundo. Kurt Masur estuvo al mando de esta orquesta durante once años, siendo uno de los liderazgos más largos de la historia de esta orquesta.

Dentro de su amplio y numeroso repertorio es experto en compositores como Brahms, Richard Strauss, Beethoven, Mahler, Mendelssohn y Bruckner. Algunas obras de los cuales fueron grabadas por el maestro Masur, algo más de 100 álbumes.

Aunque según afirman algunas fuentes no fue uno de los grandes directores de su tiempo, fue capaz de desarrollar de una forma amplia algunos de los grandes valores musicales como son la disciplina, la integridad y el compromiso. Además, fue llegado a comparar con grandes directores del pasado como Furtwängler o Karajan.

Kurt Masur además de ser un excelente director tenía una gran moral y empatía. Tanto es así que tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, decidió realizar un concierto al que acudieron los familiares de los bomberos y policías fallecidos en los ataques terroristas interpretando Un réquiem alemán de Johannes Brahms nombrado anteriormente. Este fue retransmitido en la televisión pública en el momento en que los estadounidenses más lo necesitaban y fue cuando las palabras del maestro Masur cobraron sentido: “la música puede hacer grandes declaraciones y curar heridas”, convencido de que la música podía sanar al mundo. Posteriormente, tras el concierto en memoria de las víctimas, se ofrecieron conciertos de cámara gratuitos en los alrededores de la “zona cero”.

Hoy en día todavía se sigue teniendo presente la figura de Kurt Masur en la orquesta de Nueva York. “Los años de Masur al frente de la filarmónica representaron una de sus épocas doradas, en la que la realización de música se unía al compromiso y la devoción, con la convicción en el poder de la música para hacer que la Humanidad estuviera más unida” afirma el actual director de la orquesta neoyorkina Gilbert y agrega que “Las dimensiones ética y moral que él puso en su forma de dirigir aún se pueden palpar cuando los músicos tocan”. Para el recuerdo queda su emotivo Réquiem de Brahms.

Continuando con su legado, el pasado mes de noviembre de 2017 se inauguró el Instituto Internacional Kurt Masur en Leipzig, la cual antes de abrir sus puertas realizó un concierto benéfico con el fin de recaudar fondos para la investigación de Parkinson. En su inauguración se contó con la presencia de Anna-Sophie Mutter y algunos músicos amigos más para un pequeño festival musical donde se incluía algunos simposium sobre los conciertos de Beethoven. En este instituto se creó la Orquesta de la Academia Kurt Masur la cual está compuesta por músicos de la Gewandhausorchester Leizig, la Filarmónica de Dresde y jóvenes becados por la Fundación Anne-Sophie Mutter.

Como anécdota, durante un concierto de la Orquesta Filarmónica de Nueva York dirigiendo Kurt Masur la quinta sinfonía de Shostakovich, abandonó el concierto ya que en el tercer movimiento al ser un momento lentísimo del público las “toses descontroladas” hicieron que el maestro y los músicos no dieran crédito a lo que estaban viendo. De este modo Kurt Masur se ausentó unos minutos los cuales los puristas aprovecharon para ovacionarle por el justificado gesto. Más tarde Masur volvió al escenario y continuó con los últimos 25 minutos que quedaban por interpretar de la obra.

Bibliografía: El País, La Vanguardia, ABC, El Mundo, Scherzo y Doce Notas.

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