Primeras violoncellistas en la historia de la música

Cello

Paola García

Hasta el siglo XIX. el violonchelo o violoncello fue un instrumento vetado a las mujeres por culpa de la postura que debe adoptar el ejecutante: las piernas abiertas para dejar espacio a los 45 centímetros que tiene de media el instrumento en su parte más ancha. Tanto la postura requerida para tocar el cello, como la ejecución del mismo, eran consideradas “inapropiadas” para la gracia femenina. Aunque hay que apuntar que no solo el cello, sino también todos los instrumentos de viento, estaban prácticamente vetados para las mujeres. Realmente, los únicos instrumentos que ellas podían tocar antes del siglo XX eran los de tecla: el clavecín, el clavicordio o el piano. 

“El violoncello es una evolución de la viola de gamba, un instrumento casi desaparecido pero muy popular en el barroco. Las pocas mujeres que tocaban la viola lo hacían con las piernas cerradas y el instrumento apoyado en las rodillas, porque éste aún no había incorporado la pica, la aguja larga sobre la que se apoya el violoncello” cuenta Susanna Rozsa, violoncellista húngara.

Según el manual “The Technics of Violoncello Playing”, escrito en 1898 por E.S.J. Van der Straeten: “Hay dos alternativas para que las mujeres toquen el cello, que son más elegantes y, por tanto, más frecuentes. La primera y la mejor, es girar ambas piernas a la izquierda, doblando la rodilla derecha y situándola bajo la izquierda. El lado izquierdo de la parte trasera del instrumento debe recostarse sobre la rodilla izquierda, y el instrumento sobre la barbilla, en una postura inclinada. La segunda consiste en descansar la rodilla derecha en un cojín sujeto en la parte trasera del instrumento, mientras éste se apoya en la rodilla izquierda”.

Solo se conoce a una violoncellista profesional en la primera mitad del siglo XIX, Chrétien Barbie Elise, nacida en Francia en 1827. Cristiani tuvo una corta pero brillante carrera, desde  la edad de 18 años dio conciertos en París, Ruán y Bruselas bajo el nombre italianizado de Lise Cristiani, en los que tocaba piezas encantadoras de una manera agradable y graciosa. Con los ingresos obtenidos, pudo adquirir un violoncello de Stradivari des 1700. En una de sus actuaciones en Leipzig, Alemania, dejó impresionado al mismísimo Mendelssohn quien compuso su “Romance Sans Paroles” en Re Mayor para violoncello y piano (op. 109, póstumamente publicado bajo el título Lied ohne Worte) para dedicársela.

Una gira de conciertos, que comenzó en 1845, la condujo por primera vez a Viena. Tocó en la sala de conciertos de la Musikverein, donde obtuvo un gran éxito y mucha resonancia en la prensa. Lisa Cristiani fue nombrada “Virtuoso de Cámara” por el Rey de Dinamarca. En 1953, murió de cólera en Tobolsk, Rusia, mientras intentaba hacer un recorrido por las regiones más remotas del Imperio Ruso, dejando atrás su Stradivarius de 1700, instrumento que actualmente se conserva en el “Museo del Violino” en Cremona y es conocido como el “Violoncello Cristiani”.

La siguiente violoncellista, es May Henrietta Muklé. Nació el  14 de mayo de 1880 en Londres y era conocida como una destacada violoncellista feminista de la época, que  alentó a otras mujeres a tocar el violoncello y animó a las que ya lo hacían a continuar. El diario inglés The Times llegó a publicar un artículo de opinión que situaba a Muklé entre los mejores violoncellistas vivos de la primera mitad del siglo XX. Su obituario en The Times dijo de ella: “con el cambio de siglo fue completamente reconocida no solo como una destacada músico, también como una de los violoncellistas más notables que este país había producido “.

Aunque May Muklé es conocida por su habilidad de solista, también compartió escenarios con Lionel Tertis y Jacques Thibaud entre otros realizando conciertos de cámara. Su instrumento fue construido por Montagnana y comprado por un donante anónimo. El Premio May Muklé fue fundado en 1964 en su honor y se otorga cada año a un alumno de violoncello de la universidad. Muklé murió en Cuckfield , Sussex, a la edad de 82 años.

sugphoto


Guilhermina Suggia

Guilhermina Augusta Xavier de Medim Suggia Carteado Mena, más conocida como Guilhermina Suggia, nació el 27 de junio de 1885 en Portugal. Fue una violoncellista muy reconocida, pionera en tocar el cello como un hombre, entre las piernas.

Su padre, un músico competente, le enseñó teoría musical y la inició en el cello. Tal fue su progreso, que a la edad de 12 años fue nombrada violoncellista principal de la orquesta local, el Orpheon Portuense.  En 1904, bajo el patrocinio de la reina María Amélia de Portugal, fue a estudiar al Conservatorio de Leipzig con Julius Klengel. Ese mismo año se le pidió que tocara como solista con la Orquesta Gewandhaus de Leipzig bajo la dirección de Arthur Nikisch.

De 1906 a 1912 vivió y trabajó en París con el violoncellista Pau Casals. Ella comenzó a hacer giras internacionales, construyendo su reputación. Fue calificada, junto a Casals, como una de “los violonchelistas más importantes del mundo”.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Suggia regresó a Portugal, donde ella vivió en el retiro. Después de la guerra actuó en Inglaterra, interpretando el Concierto para violonchelo y orquesta en Mi m, Op. 85 de Edward Elgar con fines caritativos. En 1949 dio sus últimos conciertos en el Festival de Edimburgo  y en Bournemouth. Suggia murió de cáncer en Oporto a la edad de 65 años legando su cello Stradivarius a la Real Academia de Música de Londres. Tiempo más tarde fue vendido para financiar becas para jóvenes violonchelistas.

Beatrice Harrison fue una violoncellista británica nacida en Roorkee, India, en 1892. Su familia se mudó a Inglaterra cuando ésta era una niña, y a una edad temprana entró al Royal College of Music en Londres. Allí estudió durante cuatro años con Whitehouse donde ganó un premio a la edad de 10 años, e hizo su primera aparición pública como solista con una orquesta a los 14 años, con Henry Wood como director. En Berlín estudió con Hugo Becker y se convirtió en la primera violonchelista, y  más joven competidora, em ganar el Premio Mendelssohn. Beatrice dio una gira por Europa y recorrió los Estados Unidos entre 1913 y 1932.  Frederick Delius escribió su doble concierto para Beatrice y su hermana May Harrison (violinista) después de escucharles tocar el doble concierto de Brahms. Este se convirtió en un amigo cercano y Beatrice estrenó su Sonata para violoncello. Este compositor también le dedicó su Capricho y Elegía. Interpretó por primera vez en Inglaterra la Sonata para violín y cello de Ravel (con su hermana menor Margaret, en 1923). También dio la primera actuación de radio y grabación del concierto de Elgar, con este mismo dirigiendo.

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