Neville Marriner, director formador de directores

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Sir. Neville Marriner

María Calás

Sir Neville Marriner (Lincoln, 1924 – Londres, 2016) era historia viva de la música británica. Un violinista inglés que formó una orquesta de cámara hace casi sesenta años, la Academy of St.-Martin-in-the-Fields (ASMF), y se convirtió en uno de los músicos más prolíficos de toda la fonografía. Más de 600 discos con unas 2.000 composiciones diferentes.

Estudió en el Royal College of Music y en el Conservatorio de París. Después de ejercer como docente durante la temporada de 1947-1948 en el Eton Collage, Marriner llegó a ser profesor titular en la Royal Academy of Music a partir de 1949, alternando dicha labor con su pertenencia al Martin String Quartet. Colaboró con la Philharmonia Orchestra en alguna ocasión especial, como en 1952 para tocar las sinfonías de Brahms bajo la dirección de Toscanini.En 1956 se convirtió en principal de los segundos violines en la London Symphony, en la que permaneció hasta 1968.

Viajó a Estados Unidos, para formarse en dirección de orquesta con Pierre Monteux.​ Y más tarde formó la anterior nombrada Academy of St Martin in the Fields, con el propósito, revolucionario en su época, de recuperar los repertorios, muy poco explorados por entonces, del clasicismo y el barroco.

Marriner fundó también la Orquesta de Cámara de Los Ángeles.​ Dirigió la Orquesta de Minnesota de 1979 a 1986 y la Orquesta Sinfónica de la Radio de Stuttgart de 1986 a 1989. También tuvo un vínculo duradero fue con la Orquesta de Cadaqués, de la que era desde 1992 Principal Director Invitado.

Dirigió un amplio repertorio, pero es particularmente famoso como intérprete de música barroca. En 1984 supervisó la banda sonora de la película Amadeus, de Milos Forman, con una selección personal de composiciones de Mozart.

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Neville Marriner en su último concierto con la  Orchestra di Padova e del Veneto

Neville Marriner ha sido una de las figuras más importantes del siglo XX a la hora de revitalizar la música barroca y la del temprano clasicismo por medio de sus interpretaciones al frente de la Academy.

Dialogante y ameno, Marriner siempre entendió la dirección orquestal como un acto solidario y compartido con los profesores-colegas de su orquesta. Su inmenso repertorio ha abarcado la música de compositores como Bach hasta las más modernas piezas del siglo XX. Marriner además se destacó como un solvente director de ópera y de música coral, colaborando especialmente con la Ópera de Lyon.

Marriner era un director muy cercano y amante de la música que Sostenía que toda su vida había visto la música clásica “en crisis”, que esa era una “característica intrínseca” y que no le gustaba hablar de eso sino de los jóvenes artistas: “nunca hay drama en ellos, siempre aportan algo fresco, algo distinto”.

” He tocado un repertorio extraordinario, porque las compañías querían todo Shumann, todo Shubert, todo Tchaicovsky… Esa oportunidad no está ahora a disposición de los jóvenes porque la industria está muy tocada y es muy distinta a lo que sucedió entre 1950 y 1990”, lamentaba.

Por último en una entrevista le preguntaron de quién aprendió y el qué, a lo que respondió lo siguiente:

“Josef Krips ejerció una gran influencia en mí durante mis comienzos. Era asombroso cómo conseguía sacar brillo a las orquestas sinfónicas. Las cuidaba como si fueran organismos vivos y no un viejo fósil. Lo que más me gustaba de él es que dirigía grandes conjuntos como si fueran grupos de cámara, y también que era capaz de transmitir su entusiasmo a cada uno de los músicos que tenía a su cargo. Había, por supuesto, una serie de maestros cuyos nombres estaban asociados a un tipo de sonido muy concreto. Me refiero a una sección de cuerdas en manos de Leopold Stokowski. Sólo él conocía la fórmula y créame que no he vuelto a escuchar nada igual. Estaban también los expertos en tal o cual compositor. Digamos, para que usted me entienda, que nadie en el mundo sabía más de Mahler que Jascha Horenstein, y eso para los músicos era una tranquilidad. Debo mencionar, por último, a los semidioses de la dirección. Uno simplemente no podía no admirar a Toscanini. (…)”

Marriner falleció el 2 de octubre de 2016, a la edad de 92 años, siendo reconocido como un gran director, pero sobre todo, un gran amante de la música. Me gustaría acabar con una frase inspiradora que él dijo: «Sin música la calidad de vida de las personas sería mucho peor».

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