150 años sin Berlioz, un romántico radical

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Retrato de Héctor Berlioz

Carmen Fernández, Paola García y Esther Rodriguez

Héctor Berlioz nació en La Côte-Saint-André (Francia) en 1803 y murió en París en 1869. Como compositor destacó, sobre todo, por la importancia concedida al timbre orquestal y por su inspiración extramusical (literaria). No en balde, junto al húngaro Franz Liszt, Berlioz es uno de los principales impulsores de la llamada música programática.

Hijo de un reputado médico de Grenoble, fue su progenitor quien le transmitió el amor por la música. Gracias al influjo paterno, el joven Héctor aprendió a tocar la flauta y la guitarra, y a componer pequeñas piezas para diferentes conjuntos musicales. En 1821 se trasladó a París para seguir los estudios de medicina en la universidad; sin embargo,  no los concluyó, decidió abandonar los estudios universitarios y continuar con su carrera musical.

Admitido en el Conservatorio de París en 1825, fue discípulo de Jean François Lesneur y Anton Reicha. Hacia 1830 compuso la obra que lo consagró como uno de los compositores más originales de su tiempo: la Sinfonía fantástica, subtitulada Episodios de la vida de un artista. Ese mismo año, Berlioz ganó el Premio de Roma, la beca más importante del mundo de la música.

Para la creación de la Sinfonía se inspiró en sus propias vivencias amorosas, por entonces sentía una pasión no correspondida hacia la actriz británica Harriet Smithson con la que más tarde, en 1833, contraería matrimonio. Todo quedó plasmado en una partitura que representa un paradigma de la creación musical romántica. La orquesta es la gran protagonista de la obra ya que tiene una riqueza extrema, llena de sorprendentes hallazgos tímbricos y de combinaciones sonoras novedosas, que en posteriores trabajos el músico amplió y refinó más aún, y que hallaron en su Tratado de instrumentación y orquestación (1842-1843) su más lograda producción teórica, una obra que tuvo gran influencia en los compositores posteriores. Fue tal el éxito conseguido por la Sinfonía fantástica que inmediatamente algunos melómanos situaron a su autor a la misma altura de Beethoven, comparación seguramente exagerada que ilustra a la perfección la originalidad de la propuesta de Berlioz.

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A parte de la Sinfonía fantástica, destacan su Réquiem, la sinfonía coral Romeo y Julieta, basada en el Romeo y Julieta de Shakespeare, la sinfonía Harold en Italia. Uno de sus últimos trabajos, la ambiciosa epopeya Los troyanos, le ocupó cuatro años (de 1856 a 1860) y no llegó a verla nunca representada íntegra en el escenario por la indiferencia -incluso hostilidad- con la que eran recibidas cada una de sus nuevas obras en Francia. De hecho, los últimos años de la vida de Berlioz estuvieron marcados por la sensación de que había fracasado en su propio país.

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